Humor

Escrito por Daniel Silveyra

Para Horno4 en 12/02/2008

La ciencia se ha esforzado durante el siglo pasado en ser el relevo de la cansada filosofía y explicar las cosas que el ser humano hace. Pero muy poco tiempo y estudio se le ha dedicado al estudio del sentido del humor, y de su razón de ser.

Sí se ha hablado con alguna seriedad acerca del humor, sin embargo. Los dichos más ácidos vienen de comediantes veteranos, cínicos después de muchos años de producir la “magia” repetitiva ante las masas incansables. Carol Burnett dijo alguna vez que la comedia era “tragedia más tiempo”. Marx (Groucho, no Karl) decía que el humor era “la razón vuelta loca”.

Otras personas, a quienes no identificamos exactamente cómo chistosas, también han hablado del tema. Nietzche habla del humor cómo algo que el ser humano ha desarrollado para lidiar con una realidad intolerablemente cruel. Freud después toma este mismo concepto para argumentar que el humor es la manera del subconsciente de transformar los dolores del mundo adulto en placer- el famoso “mecanismo de defensa” para externalizar presiones subyacentes, y para proteger al individuo contra la agresión social.

Quizás Schopenhauer, partiendo de Aristóteles, establece una idea más general y por tanto más trabajable: Qué el humor proviene siempre de una diferencia percibida entre el concepto intelectual y la realidad tangible. Es finalmente lo ridículo lo que define lo que es cómico. Pero, ¿qué es lo ridículo? Y ridículo para quién?

La ridiculez que lleva a lo cómico se encuentra en algún punto entre lo razonable y la total incoherencia. Por poner un ejemplo, si nos cuentan de un perro vestido de novio, generalmente nos reímos- la imagen resulta chistosa por qué se está uniendo a dos conceptos conocidos de manera desconocida o ilógica. Conocemos el concepto del matrimonio, al igual que a los perros y su posición- es la yuxtaposición de estas dos ideas lo que hace a esta imagen absurda. Absurda, pero reconocible- realizamos inmediatamente la conexión a la idea del matrimonio entre humanos, y vemos entonces la falacia implicada: Vestirse para el matrimonio es cosa de hombres, no de perros.

Lo absurdo puede, sin embargo, ser llevado a lo incoherente. Mostrar una imagen de ese perro parado a lado de un reactor nuclear no produce generalmente ni una sonrisa de simpatía. Aquí también conocemos los conceptos involucrados, pero la relación entre ellos no alude a nada conocido. Simplemente esta fuera de nuestro paradigma y las relaciones que conocemos entre estos objetos no le dan coherencia alguna.

La palabra clave aquí es generalmente. Lo ridículo dista de lo incoherente y lo racional según las conexiones y referencias de quien lo observa. Alguien cuya abuela siempre ha forzado a ser el padrino en las bodas de todos sus rottweilers probablemente no encuentre a la imagen de un perro vestido de novio ridícula, o ciertamente no tanto cómo alguien que haya tenido más suerte con su árbol genealógico. De la misma manera, alguien que no tenga concepción de una boda ni de un perro no tendrá nada que decir al respecto.

El humor es entonces un mecanismo que distingue lo ridículo de lo racional, manteniéndose dentro de una esfera coherente con la realidad compartida de aquellos que observan un fenómeno. Un grupo de personas que ve las cosas de una misma manera tenderá por tanto a ver cómo graciosas a las mismas cosas, e incoherentes ó entendibles a las demás. Compartirán el mismo paradigma, el mismo sentido del humor.

Este sentido se vuelve entonces un indicador- una herramienta que le ahorra tiempo al individuo. Sin él, tendría que indagar con profundidad en las experiencias y opiniones del otro para averiguar qué es lo que piensa es “normal”, ridículo e incoherente. Para el ser humano, un animal social que necesita de otros de su especie para sobrevivir y dominar su entorno, el seleccionar aliados eficientemente es esencial. Esto explica la predominancia del humor en toda la especie.

De esta manera, la comedia- la expresión del sentido del humor, es realmente la razón vuelta loca, pero solo hasta un punto en que podamos comprender esta locura. Así mismo lo trágico puede tomar un giro cómico, pues comparten el mismo sentimiento de lo irreal y lo implausible- ambos son reacciones ante lo inusual. La importancia del sentido del humor para sobrellevar lo terrible es qué nos recuerda qué no estamos solos, pues compartimos un paradigma en común con otros. El humor no puede salvarnos de la soledad, pero quizás pueda ayudarnos a olvidarla.

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