La Tragedia y el Tiempo

Por Daniel Silveyra para Horno4

Domingo, 02 de Marzo de 2008

Es complicado. Un hombre asesinado en la calle y todo el mundo pregunta: ¿Quién fue? El tipo de la pistola. No, él y el que lo mandó matar por el dinero. Ellos dos y el cáncer de la madre que lo obligó a pedirlo prestado. El estado capitalista por hacer pagar a los enfermos. La historia por dar más a unos. Dios. La tragedia abarca el largo y ancho de la vida entera. Cómo espectadores, no tenemos tiempo. Necesitamos que nos digan qué es lo importante, y nada más. Este es el trabajo del narrador.

Todo recuento es un resumen: Al momento de escoger qué describir, uno renuncia a lo demás, prioriza. La audiencia tiene poco tiempo y aún menos atención. Los mejores escritores entienden esto y lo usan de maneras radicalmente diferentes, por qué saben, implícita o explícitamente, que la gente entiende las extensiones de tiempo de maneras distintas.

London hablaba de los mineros y exploradores americanos y su batalla contra la nieve. Dostoevsky de asesinos y apostadores. Mailer y sus boxeadores, Bukowski y su hipódromo, Hemingway y sus toreros. Y cómo lectores nos encanta no sólo por qué nos guste el desollamiento de los toros, hombres, o caballos. Nos gusta leer estos relatos por qué, detrás del glamor de sus escenas, los eventos que describen son un buen resumen del drama de la vida de todos.

En su cuento The Undefeated[i], Hemingway nos cuenta la historia de un torero recién recuperado que arriesga su vida y regresa a la plaza a pesar de la mala paga, malos ayudantes y la apatía del público. El relato funciona en gran parte por qué se trata de algo universal, aun partiendo de algo muy específico- todos podemos entender a un profesionista en decadencia que se arriesga por regresar a su posición previa. La diferencia entre este cuento y cualquiera de nuestras luchas personales no es lo que está en juego ni lo que se requiere para triunfar- es el tiempo que ocupa la lucha.

A pesar de toda nuestra civilización, nuestra naturaleza sigue orientándonos hacia el presente. Entendemos los tiempos prolongados cómo una abstracción, lo cual, en un relato, inmediatamente los priva de mucho impacto visceral. La tragedia de Madame Bovary[ii] es equiparable a la del torero de Hemingway, pero la entendemos más fríamente, con la razón, por qué se trata de una vida entera qué es trágica. Al presentarnos una situación donde la vida de un hombre se determina en minutos, podemos reaccionar emocionalmente ante un análogo de nuestras vidas, aunque estas se determinen a largo y no corto plazo.

Samuel Johnson decía que la distancia tiene el mismo efecto sobre la mente que sobre la vista[iii]: Somos animales racionales, sí, pero estamos armados para el instante y sus particularidades. Es solamente después de haber procesado emocionalmente lo que nos pasa que empezamos a ver patrones, trazar abstractos, a entender. El narrador hábil ajusta el relato a los mecanismos que nos ayudan a comprender el tiempo. Y el lector hábil comprende que la tragedia es la misma para todos, y qué todo está en las dosis, y en nuestra respuesta a ellas.


[i] Hemingway, Ernest. The First Forty-Nine: The Undefeated. Nueva York: Scribner’s, 1938.

[ii] Flaubert, Gustave. Madame Bovary. Paris: Michel Lévy Frѐres, 1857.

[iii] Boswell, James. The Life of Johnson. New Jersey: Princeton, 1917.

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