Minutiae

Una anecdota de mi última clase de Matemáticas de este Miércoles.

 

Normalmente no voy a clase de Matemáticas, porque la clase se trata principalmente de ver al profesor S. leer directamente las filminas, que de por sí están llenas de errores de ortografía y notación. El tipo aparentemente es un excelente econometrista pero no mucho más. Además de ello, el material es suficientemente denso cómo para ser muy difícil de digerir oralmente, especialmente cuando se transmite en un solo tono durante dos horas seguidas.

 

Sin embargo, esta vez fui porque se trataba de la última clase. Creo que muchos nos sentíamos igual, porque me dijeron que fue la primera clase llena en mucho tiempo. De cualquier manera, todos siguieron sus patrones comunes. Algunos trataban de escuchar y tomar notas, cayendo poco a poco en un estupor conforme la voz del profesor iba matando a la tarde a cucharadas de aceite. Otros, como yo, abrieron sus computadoras y se pusieron a hacer otras cosas.

 

Al final del tema, el profesor S. quiso dar un pequeño discurso de cierre, y a pesar de su generalmente pésima exposición dijo algunas cosas relevantes. Nos dijo que era claro para él y para los demás profesores que la mayoría del grupo no estaba en sus mejores ánimos, que muchos se veían deprimidos, probablemente por sus resultados mediocres, obtenidos con mucho trabajo. “Si están aquí es porque fueron excepcionales en su carrera, y naturalmente están acostumbrados a ser los mejores entre los demás. Sin embargo, obviamente al llegar aquí la concentración es muy diferente, y la distancia entre habilidades se vuelve mucho más pequeña. Son inteligentes – dense cuenta de esto.”

 

Estas tres observaciones causaron que todo el mundo pusiera atención, inclusive algunas risas nerviosas. S. prosiguió: “Traten de acordarse de por qué vinieron aquí. No vinieron a competir por calificaciones, a menos de que hayan mentido en su ensayo de aplicación. Leí muchos de ellos, y sé que todos vinieron aquí por el contenido y el material. Así que piensen en eso que les interesa, y trabajen para eso – para su tesis al final del año y para aprender de las cosas que querían aprender. No se preocupen por los resultados, porque a fin de cuentas no vinieron para eso. Quizás así no se verán tan infelices”.

 

Hubo un silencio. Todos hablamos de esto, pero la mayoría de nosotros no habíamos hablado con algún profesor al respecto. A pesar de la opinión tibia sobre este profesor en particular, había muchas caras agradecidas – evidencia de la autoridad moral que tienen los profesores en general para nosotros. Faros a través de la niebla, papás, dioses… algo por el estilo. Ese silencio fue lo más cercano a una catársis que nos iba a dar esa clase, y pronto se murió cuando alguien hizo alguna pregunta técnica del examen.

 

Creo que nos hizo bien.

 

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